- Hola, doctor Sánchez.- Saluda el hombre de pelo cano. Es joven pero su cabeza está poblada de pelo blanco, incluso algunos de los de la barba rala están clareando.
- Encantado. Señor… - Un médico que no va vestido como tal examina su libre subiendo sus anteojos para leer bien.- Gámez.-
- Verá es la primera vez que vento a un psiquiatra. Así que no se que hacer exactamente.- Dije le hombre cano. Su cara está levemente bronceada pero, por el cuello de su camisa asuma una piel clara, casi translúcida. Parece que lleve años sin ver la luz del sol a cuerpo descubierto. Sus manos se mueven nerviosamente de un lado a otro, como si estuviese indicando el lugar donde se encuentra la salida en caso de que el despacho se estrelle.
- Túmbese en el diván y hable, yo tomaré notas y le haré preguntas durante la sesión, al final hablaremos y veremos si es necesaria una nueva visita.- El médico se sienta en un sillón oreje contigua a la cabecera del diván. Lleva mocasines marrones, calcetines llenos de bolitas, un pantalón gris con un cinturón de cuero agrietado y una camisa a cuadros de mangas cortas y dos tallas mas grande. Se podría decir que toda la ropa le viniese grande. Como si un día se hubiese despertado con dos tallas menos y no se haya percatado.
- Ya, pero algo tendré que hacer. Quiero decir habrá temas que usted no quiera escuchar.- El hombre se de la vuelta en el diván y apoya los brazos sobre el cabecero. Mira la doctor y espera una respuesta.
- Túmbese correctamente y cuente lo que quiera. Es importante que esté relajo.- El doctor Sánchez de una palmadita en el brazo de Fabián Gamez, y cruza las piernas. A continuación pasa una página de la libreta y prueba el bolígrafo garabateando el nombre de su paciente.
- Verá es que en realidad no sé muy bien porque he venido.- Fabián se hunde el diván y deja todos los miembros relajados.- Simplemente llevo tiempo sintiéndome único.- Para en seco al escuchar sus palabras y mira de reojo al lugar donde se ubica el psiquiatra.
- Prosiga.- Dice el doctor mirando al fondo de la habitación. En la libreta sólo está el garabato.
- Verá la gente, no puedo conectar con ellos. Siento que vivo en un mundo paralelo. No encuentro demasiado sentido a lo que hacen ni al cómo.- El hombre de pelo cano baja la mirada y respira hondo.- Les veo, observo a todo el mundo y no puedo dejar de pensar en cómo lo hacen. ¿comprende lo que le quiero decir?- Esta vez no mueve la cabeza simplemente deja la estancia en silencio y espera.
- Continúe hablando, no se preocupe por mí, simplemente diga lo que tiene que decir.- El doctor apunta varias palabras y espera devolviendo el silencio al señor Gamez.
- Sé, que en realidad hago lo mismo que todo el mundo, voy al trabajo, interactúo, incluso a veces quedo para tomar cervezas con los compañeros. Pero ni aún así comprendo muy bien cómo y porqué hacen las cosas que hacen. – Fabián gira ambas manos en forma de cuenco a los lados intentando mostrar una obviedad.
- Pero usted hace lo mismo que todas esas personas. Por lo menos dice eso. Así que: ¿Dígame no es un igual?- El médico flacucho le da la vuelta a la libreta y pinta un interrogante al lado de un símbolo de igualdad.
- Lo que pasa es que nada de eso me llena. Simplemente lo hago porque es lo que debería hacer. Creo que es lo que llevo haciendo toda mi vida.- La cara morena se revuelve en el diván intentando volverse. Pero antes de que pueda girar una voz le interrumpe.
- ¿Desde cuándo le pasa eso que me dice?.- Dice el psiquiatra que garabatea algo ininteligible.
- Creo que desde que fui consciente de manera real de lo distinto que era todo el mundo. No sé muy bien como explicarlo.- Fabián cierra los ojos e intenta recordar el momento exacto. Él no lo sabe pero ese momento ha sido deformado por el tiempo y un falso recuerdo lo ha sustituido. En el ve como asiste impertérrito a una boda. Mientras la gente de su alrededor desprende dolor el simplemente piensa en su comida favorita. El recuerdo real, que aun habita en su cerebro es le de un entierro, no es tampoco real, pues es de un sueño en el que es enterrado.
- ¿De que forma son distintos?- Dice el doctor que anota el largo lapso de tiempo que pasó Fabián recordando en silencio.
- Parecen conectados. Cómo si hablasen un lenguaje particular y único. No comprendo a nadie. Sienten las cosas de forma diferente, de forma sincera.- Estira los pies en el diván y voltea la cabeza levemente.
- ¿Entonces usted cree que el resto de la gente es distinta porque no actúan?- Pregunta el doctor mientras pasa una nueva página.
- No sé si actúan, pero sé que yo actúo.- Fabián entrelaza los dedos morenos y velludos y piensa un instante.- Puede que actúan, pero quizás lo hagan mejor que yo. En ese caso hay una forma especial de actuar que desconozco y el resto del mundo sí la conoce.
- ¿Y cómo actúa usted? Quiero decir, qué en base a que método interactúa con las demás personas.- El doctor garabatea la palabra víctima y espera mirando la cabecera del diván. El resto de la habitación permanece más en penumbras que iluminada, en parte por las escasas bombillas y en parte por las estanterías apelotonadas y oscuras.
- Simplemente imito al a gente. Me fijo que hacen en ese momento y hago lo mismo que ellos.- Gamez separa la manos y hecha un hondo suspiro.
- ¿Esa mecánica no le servirá siempre verdad?- Sánchez se atusa el pelo con la mano del bolígrafo y espera pacientemente.
- ¿Cómo lo sabe?- Pregunta Fabián girándose por completo, en su cara la incredulidad es patente.
- Limítese a contestar.- Dice el doctor que vuelve a darle un toque en el brazo para que vuelva a tumbarse.
- Si e de ser sincero no siempre ha funcionado, pero con los años he aprendido a saber que esperan en cada situación.-
- Explíquese.- Dice el médico volviendo su mirada la fondo de la habitación. Por su cabeza nada de aquella situación está sucediendo, ya que recuerda vividamente a la prostituta con la que mantuvo relaciones la noche anterior.
- Pues si alguien está triste necesita ser anima. Lo he visto muchas veces. Y hay muchas formas de hacerlo, pero no siempre elijo la correcta. Es como si hubiesen demasiadas variedades de sentimientos y no fuese capaz de entenderlas todas.- Fabián se rasca una mejilla y piensa en los llantos ajenos que ha presenciado durante su vida. Ninguno de ellos le han importado lo más mínimo, más bien le molestaban. Le molesta el hecho de tener que cambiar su forma de actuar, cambiar la forma en la que suceden las cosas. Le frustra en realidad no ser capaz de empalizar con ningún humano.
- Casi nadie puede entender todos los sentimientos de los que les rodean. Sólo las personas que se conocen profundamente pueden. Así que, cómo se siente respecto a ello.- Por la mente del Psiquiatra pasa de refilón el olor del pelo moreno y rizado de la prostituta brasileña. No lo perciba pero el pensamiento ha hecho que sus pupilas se dilaten más, y un leve flujo de sangre a hecho crecer su pene.
- No me siento especialmente mal. Lo que pasa es que me hace preguntarme constantemente acerca de esas personas.- La mentira ha sido lanzada, tal y como el quiere, sabe que decir que odia sentirse así y a las personas que le hacen sentirse de ese modo es políticamente incorrecto. Fabián sabe en este momento como actuar para no parecer alterado.
- Pero, ¿cómo se siente al estar cuestionándose constantemente?- Sánchez aún en su ensoñación erótica ha percibido algo en la contestación de el señor Gamez. En realidad ha notada que no ha dicho nada. En su libreta apunta la palabra sentir, la palabra actuar y las une con una flecha.
- No me siento mal, quiero decir que no es cómodo, pero tampoco un suplicio.- Fabián comienza a ponerse nervioso, sabe que si el psiquiatra sigue hostigándole dirá algo de lo que se arrepentirá. Fallará en su actuación y no puede permitírselo.
- ¿Cómo definiría la incomodidad que siente?.- Pregunta el doctor Sánchez, subraya varias veces la palabras unidas por la flecha.
- Es como un vacío.- Fabián se siente contento. La palabra vacío, es algo que suele definir demasiadas cosas, la ha escuchado multitud de veces en numerosas bocas, la última vez de labios de su mujer cuando le definía su matrimonio.
- Un vacío es la sensación de falta, y necesita ser llenado siempre. Aunque también es a veces la ausencia de problemas, depende de la perspectiva. ¿Entiende lo que le quiero decir?- En la cabeza del psiquiatra una botella de Coca-cola sin líquido se enfrenta en un combate de importancia con un tonel de residuos radiactivos sin residuo alguno.- ¿Diría que se s vacío puede ser más beneficioso o pernicioso?- El médico mira de reojo el reloj de pulsera y sonríe.
- Depende del momento. A veces creo que es una bendición no sentir eso que lleva a todo el mundo a llorar o cosas peores, pero otras creo que lo que me pierdo es más importante que el dolor.
- Ya hemos llegado a la hora. Ahora permítame que le cuente un par de cosas importantes.- El doctor se levanta y da un par de vueltas por la habitación y comienza a hablar mirando por la ventana.- Usted, señor Gamez no es ajeno. Le gusta pensarlo, por que así se aísla de las cosas nocivas, digamos que en algún momento se produjo una disonancia cognoscitiva muy grande en su psique, quizás cuando comenzó a actuar de esa forma, cuando maduro como ha dicho. Lo que creo es que es necesario ahondar en ese episodio para resolver su forma de comunicarse con el mundo.- Sánchez mira de nuevo el reloj y decide terminar. No es que le importe o no Fabián es que directamente no entra en el plan de su tiempo restante. – Verá me ha mentido en varias ocasiones, porque sabe que en realidad usted no quería que yo escuchase lo que pensaba. Eso no es un problema, es más diría que es parte de la solución. Eso que usted llama actuar es de hecho hipocresía y todo el mundo lo practica. Como bien explicó antes hay que gente que parece hacerlo mejor, pero en realido todo es cuestión de práctica y genes. Bueno, si desea una cita hable con mi secretaria, de todas formas es a ella a quién debe abonar el dinero de la sesión.- Deja una mano señalando la puerta y ni siquiera se digan a en darse la vuelta. Cuando la puerta se cierra se sienta en el diván. De hecho se tumba y piensa profundamente en nada durante le tiempo que desea. Bloquea cualquier pensamiento hasta quedarse sostenido solamente por el bulbo raquídeo. Pasan dos horas y vuelve en sí. Mira la habitación, de reojo, más oscura que antes debido a que entra menos claridad del exterior. Se levanta y recoge la libreta, repasa las notas y se dirige a un escritorio que hay en la esquina opuesta a la puerta. Se sienta en un sillón, abre un cajón y tira la libreta. Por su cabeza desfilan cada uno de los clientes que ha tenido. En realidad para el no son más que clientes. Se siente como su prostituta brasileña, aportando consuelo a cambio de dinero, la única diferencia es que él tiene un título. Tras repasar todos los casos piensa que hay demasiados fracasados e inútiles en la ciudad. Esa suma de desechos es la que le hacen reaccionar. Sabe que necesitaba decidirse y después de mucho tiempo lo ha hecho. Enciende la lámpara de la mesa y coge de nuevo la libreta, se equivoca en primer término, pues el cajón está lleno de cuadernitos. Finalmente escoge la correcta y la vuelve a leer, Apunta al final la palabra narcisista, luego la tacha y escribe egocéntrico. Esa palabra va dirigida a sí mismo, es consciente de su megalomanía, pero sabe que a su edad no es algo que puede ni desee cambiar. Tira la libreta a la papelera para luego coge todos y realizar la misma acción, parece un robot que monta un parachoques en la cadena de Henrry, es un autómata, porque entiende que cuando termine de limpiar tendrá que seguir con el siguiente paso.
Al acabar descuelga un viejo teléfono negro de góndola y marca con paciencia todos los números, la cada dígito tiene que esperar que la rueda recupere su posición. Al resto de lo mortales podría enervarles tanta complicación, pero al doctor, en medicina psiquiatrita Sánchez, eso no le importa porque se acaba de jubilar, tiene todo el tiempo del mundo y menos peso sobre sus hombros.