3600 latidos por minuto.
Cuando el sol imaginario golpea mi ventana,
arrancándome bruscamente las sábanas,
arrojándome de un golpe fuera de la cama.
3600 latidos por minuto.
Llenándome de hormonas
de nombres desquiciados.
Expandiendo el negro
en mis paralelas pupilas.
3600 latidos por minuto.
Atravesando mi cerebro.
Zigzagueando
de recuerdo a sueño,
igual que un rayo
entre los trozos de cielo.
3600 latidos por minuto.
Para ver sin ver la imagen
De un esplendido amanecer.
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