Tempus fugit, entre los dedos de mi mano.

Robustas ondas de tiempo consolidado
convirtiendo en óxido todo a su paso.
Rebotando y cargando de vuelta
vestigios de instantes pasados,
que revelan el auténtico esplendor.
Ondas que traen momentos,
días sin metal enrojecido,
sin herrumbre de cobre verde,
ni sulfatos de color leche.
Todos los segundos reunidos
presente pasado y futuro.
Todos a lomos de las ondas
que no comprenden de tiempo
y solamente lo transportan.
Y nosotros, barcos varados
sólo podemos fantasear
con cómo sería la piedra
que impactó en la espiral.
La que antes de que estuviéramos,
y después que nos hayamos oxidado,
estaba y seguirá contando segundos.

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