Archivo de la categoría: Crítica

Your credit is about to expire.

Como un Conan sin espada,

un Shekespeare sin pluma

y un Cervantes sin batalla.

Los días pasan

y no ocurre nada,

nada, nada y nada.

solamente

el futuro  que se escapa,

mientras el presente nos atrapa

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Personal, Verso, vida

Maneki Neko

– Abuelo, ¿Por qué dice la gente que tenemos la suerte de un gato?- Dijo el niño mirando muy arriba. Su abuelo le sujetaba la mano agachándose un poco por le lado izquierdo.

– ¿Quién dice eso?- Preguntó el anciano con la mirada fija en le camino de tierra.

– El pescadero.-

– Ese malnaci…- Paró el abuelo a media palabra.- Es porque tenemos mala suerte.

– Pero a mi me gustan los gatos.- Dijo el niño tirando del brazo del anciano.- Dan mala suerte.

– No, sólo uno y está allí.- El abuelo señaló la luna que pese a ser medio día se veía blanquecina en el cielo.

– ¿El gato de la luna es gafe?- El niño se soltó la mano del anciano y dio un saltitos señalando el satélite. Una polvareda se levantó en la zona, pero el viento seco y cálido se llevó pronto la mayor parte del polvo, el resto se quedó en las piernas desnudas y sudorosas de los dos caminantes.

– Es una historia muy larga. De la época en la que tus padre y la abuela estaban vivos.- En el rostro del viejo los ojos se cristalizaron y paró en seco. Los recuerdos de tiempos mejores le asaltaron por la espalda como un ladrón. Pese a que hacía ya tres años del incidente todavía le dominaba la nostalgia al recordarlo. Todo el mundo había perdido aquel estúpido día, pero él tenía la sensación de haber sido el único derrotado.

– No me acuerdo de los papas y la abuela.- Dijo el niño volviendo atrás hasta ponerse a la altura del anciano, cogió la mano y tiro hacía adelante.

– Tu padre era muy listo, quizás la persona más lista que había en el mundo. Y eso era porque estudió mucho de pequeño, que es lo que tienes que hacer tú.- el anciano retomó el paso moderadamente acelerado y tiró levemente de la mano del crío.

– ¿Y mamá, y la abuela?.- La abuela era muy dulce, te abría podido preparar caramelos ella misma. Y mi hija, tu madre era muy guapa y muy inteligente también.- el abuelo aceleró el paso intentando huir de los recuerdos, pero un tirón fuerte le paró en seco.

– Abuelo.- Exclamó el pequeño.

– Ah, voy muy rápido. Es que tenemos que llegar a casa hoy hay tormenta de arena.- Mintió el anciano, pero se sitió disculpado.

– ¿Y por qué los papas y la abuela no están?- Preguntó el crío con la curiosidad típica de un infante, sin ser consciente de que a veces las cosas tiene una trascendencia mayor de lo que a priori parece.

– ¿Por qué?- Se preguntó el anciano en voz alta. Los recuerdos le asaltaron sin remedio y más allá de la perdida pudo sentir el instante exacto en el que perdió, a casi toda su familia, se despertaba en su memoria. Llevaba tiempo dormido aquel recuerdo, tanto que tuvo un mal despertar.- Vamos a descansar.- Dijo tirando del niño en dirección a un árbol. Se sentó a la sombra y limpió las rodillas desnudas dándoles unos golpecitos.

-¿No venía tormenta?- Preguntó el niño sentándose al lado del anciano y repitiendo el gesto de este.

El viejo miró al horizonte y vio como estaba en calma.- No creo que venga pronto.- A los pies del árbol el calor era soportable y los dos familiares se sintieron aliviados.

– ¿Abuelo, los papas y la abuela hicieron algo malo?- Preguntó el chiquillo escarbando la tierra reseca y gris con las manos.

– No. ¿Por qué dices eso?.- El anciano posó su mirada en las manos del niño y observó con detenimiento como estas se cubrían de polvo.

– Nunca me cuentas nada.- Sacudió con las palmas la tierra un creó una pequeña polvareda.

El abuelo reflexionó un par de segundos y finalmente hablo.- Ven aquí.- Dijo señalando sus huesudas rodillas.- Deja de ensuciarte las manos y te contaré que pasó.-

El niño se levantó de un respingo y dio un salto hasta las piernas del anciano. Sus ojos se quedaron fijos en la pupilas del antecesor y esperó sonriente. De hecho tenía la misma cara absorta que tiene un crío ante el televisor mientras emiten su serie favorita.

– A ver por donde empiezo.- Dijo titubeante el anciano. Sabía perfectamente cómo pasó todo, pero su nieto no podía saber los detalles, sería demasiado duro con cinco años.- Ya sabes que tú papa era muy listo, el más listo del mundo decían.-

– Sí, eso ya me lo has contado.- El niño mantuvo el rostro de interés.

– Resulta que había gente que no creía que él fuese tan listo y no les gustó que alardease de ello.- La realidad era incluso más atractiva para un niño. Hacía cuatro años un cometa estuvo colisionó contra el planeta. No era muy grande, aunque lo suficiente, como para hacer un amago de extinción. Lo que pasó entonces es que los pocos cerebros que quedaban, en un mundo sobrepoblado y decadente, tuvieron la genial idea de instalar un gato japonés gigante en la luna. Decían los iluminados que el maneki neko golpearía con su brazo oscilante el cometa, como si de una bola de baseball se tratase. El padre del niño, era listo, quizás el único hombre con dos dedos de frente en todo el planeta, y anunció a toda la sociedad que no funcionaría. Mostró innumerables pruebas, el brazo era débil, la luna tenía su rotación propia y el cometa no era un absurda pelota cubierta de cuero. Todos los “científicos” involucrados en el plan maneki neko le tacharon de agorero. No se propusieron analizar los datos, sencillamente instaron a las autoridades a mandar todas las naves a construir un gato gigante y dorado, con el brazo ondulante, en la luna. Todos los esfuerzos de un planeta de diez mil millones de habitantes centrados en el mayor absurdo de la historia humana. Todos estaban convencidos del éxito de la misión, las infografías mostraban, claramente en los televisores, como el gato de la luna salvaba el planeta. Hasta sacaron en los meses anteriores series animadas, muñecos de acción y líneas de ropa. Todo el mundo giraba en torno al funesto felino. De hecho fue lo más normal en un  mundo dominado por la molicie, la permisividad y la brutalidad exaltadas de aquellos días. Por supuesto, el padre del niño realizó sus propias infografías, en base a los datos que obtuvo en los estudios, e intento mostrarlas. En esas imágenes el gato era golpeado en la cabeza y caía sobre el satélite desviando apenas unos milímetros el cometa. Desviándolo lo suficiente, como para que este se dirigiese al mar. Luego maremotos, un invierno nuclear y cientos de años hasta un correcta habitabilidad.

– ¿Abuelo? ¿Qué te pasa?- Dio el niño ante le silencio sepulcral del viejo. Al oír la voz del pequeño el viejo volvió de repente a la sombra del árbol y dejó a un lado la cadena de circunstancias que llevaron a su familia a la práctica destrucción.

– ¿Por dónde iba? Ah , sí. Tu padre era muy listo y predijo que una cosa fallaría.- En ese instante la predicción, que había visto en su salón tantas veces, volvió a su cabeza con la forma del recuerdo de la realidad que resultó ser. En la televisión emitían en directo el supuesto momento glorioso, en le que el gato debía golpear la ropa, pero aquello no fue lo que pasó. La gran piedra se precipitó contra el felino y le arrancó una oreja llevándosela consigo hasta la tierra. Al mismo tiempo el pesa cuerpo dorado del Maneki Neko caía sobre la superficie lunar levantando una polvareda que se pudo ver desde la tierra. Ese fenómeno fue denominado la cortina de la caja de Arena. El cometa siguió su camino e impactó contra le océano Atlático, ambas costas fueron arrasadas antes de que se diese la voz de alarma.- Al final tu padre tuvo razón y la gente se enfadó con él porque creían que lo había provocado. Decían que era un gafe.- El abuelo levantó la mano derecha y se frotó los ojos con fuerza, intentando evitar que le niño viese las lágrimas que se le escapaban.

– Pero él no tenía la culpa.- Dijo el niño con cara incrédula y dubitativa.

– Eso no tiene nada que ver.- Por primera vez el abuelo pensó en cómo contarle al niño los hechos y dejó a un lado los matices.- La gente estaba muy enfadada, habían perdido mucho y necesitaban desahogarse, no es que fuesen malos, es que no sabían lo que hacían.- Un gran vacío embargó al anciano cuando recordó como enfrente de su antigua casa ejecutaron a toda su familia. El había ido con le crío por comida aquel día y llegó justo cuando metían a su familia en sacos. Se quedó entre la muchedumbre que gritaba, caló la gorra y subió el cuello de la camisa y observó con detenimiento. Después de introducirlos en sacos los ataron con cuerdas a unos coches y arrancaron los vehículos. Forzaron las máquinas y los cuerpos dieron golpes por el asfalto, de vez en cuando giraban de manera brusca y la inercia provocaba que los sacos chocasen contra las paredes. La sangre brotó de las telas cerradas y el asfalto se fue llenando hasta que finalmente al cabo de unas horas, cuando ya no quedaba gasolina en los coches pararon. – Al final se llevaron a tus padre y a la abuela a un sitio del que no podrán volver jamás. Cuando se iban la gente les gritaba: Esa es la suerte de un gato.- El abuelo dejó las manos del niño y se levantó.- Ahora vámonos la tormenta ya debe estar muy cerca.-

– El pescadero quería entonces recordarme que no tengo papas ni abuela porque se los llevaron, porque papa era listo y porque todo el mundo era tonto.- Preguntó el niño con ingenuidad supina.

El anciano se incorporó al camino, hizo una seña con la mano al niño y decidió abandonar las palabras blandas y el trato amable que. años atrás. había llevado al planeta a creer en un gato. con un brazo pendulante. como salvador y dijo.- No hijo, no. Es que el pescadero es un cabrón.- Se sintió bien por primera vez desde que había comenzado aquella sucesión de recuerdos y sonrió feliz cogiendo la mano del niño y andando por le camino polvoriento.

1 comentario

Archivado bajo Crítica, fantasía

Terapaia

– Hola, doctor Sánchez.- Saluda el hombre de pelo cano. Es joven pero su cabeza está poblada de pelo blanco, incluso algunos de los de la barba rala están clareando.

– Encantado. Señor… –  Un médico que no va vestido como tal examina su libre subiendo sus anteojos para leer bien.- Gámez.-

– Verá es la primera vez que vento a un psiquiatra. Así que no se que hacer exactamente.-  Dije le hombre cano. Su cara está levemente bronceada pero, por el cuello de su camisa asuma una piel clara, casi translúcida. Parece que lleve años sin ver la luz del sol a cuerpo descubierto. Sus manos se mueven nerviosamente de un lado a otro, como si estuviese indicando el lugar donde se encuentra la salida en caso de que el despacho se estrelle.

– Túmbese en el diván y hable, yo tomaré notas y le haré preguntas durante la sesión, al final hablaremos y veremos si es necesaria una nueva visita.- El médico se sienta en un sillón oreje contigua a la cabecera del diván. Lleva mocasines marrones, calcetines llenos de bolitas, un pantalón gris con un cinturón de cuero agrietado y una camisa a cuadros de mangas cortas y dos tallas mas grande. Se podría decir que toda la ropa le viniese grande. Como si un día se hubiese despertado con dos tallas menos y no se haya percatado.

– Ya, pero algo tendré que hacer. Quiero decir habrá temas que usted no quiera escuchar.- El hombre se de la vuelta en el diván y apoya los brazos sobre el cabecero. Mira la doctor y espera una respuesta.

– Túmbese correctamente y cuente lo que quiera. Es importante que esté relajo.- El doctor Sánchez de una palmadita en el brazo de Fabián Gamez, y cruza las piernas. A continuación pasa una página de la libreta y prueba el bolígrafo garabateando el nombre de su paciente.

– Verá es que en realidad no sé muy bien porque he venido.- Fabián se hunde el diván y deja todos los miembros relajados.- Simplemente llevo tiempo sintiéndome único.- Para en seco al escuchar sus palabras y mira de reojo al lugar donde se ubica el psiquiatra.

– Prosiga.- Dice el doctor mirando al fondo de la habitación. En la libreta sólo está el garabato.

– Verá la gente, no puedo conectar con ellos. Siento que vivo en un mundo paralelo. No encuentro demasiado sentido a lo que hacen ni al cómo.- El hombre de pelo cano baja la mirada y respira hondo.- Les veo, observo a todo el mundo y no puedo dejar de pensar en cómo lo hacen. ¿comprende lo que le quiero decir?- Esta vez no mueve la cabeza simplemente deja la estancia en silencio y espera.

– Continúe hablando, no se preocupe por mí, simplemente diga lo que tiene que decir.- El doctor apunta varias palabras y espera devolviendo el silencio al señor Gamez.

– Sé, que en realidad hago lo mismo que todo el mundo, voy al trabajo, interactúo, incluso a veces quedo para tomar cervezas con los compañeros. Pero ni aún así comprendo muy bien cómo y porqué hacen las cosas que hacen. – Fabián gira ambas manos en forma de cuenco a los lados intentando mostrar una obviedad.

– Pero usted hace lo mismo que todas esas personas. Por lo menos dice eso. Así que: ¿Dígame no es un igual?- El médico flacucho le da la vuelta a la libreta y pinta un interrogante al lado de un símbolo de igualdad.

– Lo que pasa es que nada de eso me llena. Simplemente lo hago porque es lo que debería hacer. Creo que es lo que llevo haciendo toda mi vida.- La cara morena se revuelve en el diván intentando volverse. Pero antes de que pueda girar una voz le interrumpe.

– ¿Desde cuándo le pasa eso que me dice?.- Dice el psiquiatra que garabatea algo ininteligible.

– Creo que desde que fui consciente de manera real de lo distinto que era todo el mundo. No sé muy bien como explicarlo.- Fabián cierra los ojos e intenta recordar el momento exacto. Él no lo sabe pero ese momento ha sido deformado por el tiempo y un falso recuerdo lo ha sustituido. En el ve como asiste impertérrito a una boda. Mientras la gente de su alrededor desprende dolor el simplemente piensa en su comida favorita. El recuerdo real, que aun habita en su cerebro es le de un entierro, no es tampoco real, pues es de un sueño en el que es enterrado.

– ¿De que forma son distintos?- Dice el doctor que anota el largo lapso de tiempo que pasó Fabián recordando en silencio.

– Parecen conectados. Cómo si hablasen un lenguaje particular y único. No comprendo a nadie. Sienten las cosas de forma diferente, de forma sincera.- Estira los pies en el diván y voltea la cabeza levemente.

– ¿Entonces usted cree que el resto de la gente es distinta porque no actúan?- Pregunta el doctor mientras pasa una nueva página.

– No sé si actúan, pero sé que yo actúo.- Fabián entrelaza los dedos morenos y velludos y piensa un instante.- Puede que actúan, pero quizás lo hagan mejor que yo. En ese caso hay una forma especial de actuar que desconozco y el resto del mundo sí la conoce.

– ¿Y cómo actúa usted? Quiero decir, qué en base a que método interactúa con las demás personas.- El doctor garabatea la palabra víctima y espera mirando la cabecera del diván. El resto de la habitación permanece más en penumbras que iluminada, en parte por las escasas bombillas y en parte por las estanterías apelotonadas y oscuras.

– Simplemente imito al a gente. Me fijo que hacen en ese momento y hago lo mismo que ellos.- Gamez separa la manos y hecha un hondo suspiro.

– ¿Esa mecánica no le servirá siempre verdad?- Sánchez se atusa el pelo con la mano del bolígrafo y espera pacientemente.

– ¿Cómo lo sabe?-  Pregunta Fabián girándose por completo, en su cara la incredulidad es patente.

– Limítese a contestar.- Dice el doctor que vuelve a darle un toque en el brazo para que vuelva a tumbarse.

– Si e de ser sincero no siempre ha funcionado, pero con los años he aprendido a saber que esperan en cada situación.-

– Explíquese.- Dice el médico volviendo su mirada la fondo de la habitación. Por su cabeza nada de aquella situación está sucediendo, ya que recuerda vividamente a la prostituta con la que mantuvo relaciones la noche anterior.

– Pues si alguien está triste necesita ser anima. Lo he visto muchas veces. Y hay muchas formas de hacerlo, pero no siempre elijo la correcta. Es como si hubiesen demasiadas variedades de sentimientos y no fuese capaz de entenderlas todas.- Fabián se rasca una mejilla y piensa en los llantos ajenos que ha presenciado durante su vida. Ninguno de ellos le han importado lo más mínimo, más bien le molestaban. Le molesta el hecho de tener que cambiar su forma de actuar, cambiar la forma en la que suceden las cosas. Le frustra en realidad no ser capaz de empalizar con ningún humano.

– Casi nadie puede entender todos los sentimientos de los que les rodean. Sólo las personas que se conocen profundamente pueden. Así que, cómo se siente respecto a ello.- Por la mente del Psiquiatra pasa de refilón el olor del pelo moreno y rizado de la prostituta brasileña. No lo perciba pero el pensamiento ha hecho que sus pupilas se dilaten más, y un leve flujo de sangre a hecho crecer su pene.

– No me siento especialmente mal. Lo que pasa es que me hace preguntarme constantemente acerca de esas personas.- La mentira ha sido lanzada, tal y como el quiere, sabe que decir que odia sentirse así y a las personas que le hacen sentirse de ese modo es políticamente incorrecto. Fabián sabe en este momento como actuar para no parecer alterado.

– Pero, ¿cómo se siente al estar cuestionándose constantemente?- Sánchez aún en su ensoñación erótica ha percibido algo en la contestación de el señor Gamez. En realidad ha notada que no ha dicho nada. En su libreta apunta la palabra sentir, la palabra actuar y las une con una flecha.

– No me siento mal, quiero decir que no es cómodo, pero tampoco un suplicio.- Fabián comienza a ponerse nervioso, sabe que si el psiquiatra sigue hostigándole dirá algo de lo que se arrepentirá. Fallará en su actuación y no puede permitírselo.

– ¿Cómo definiría la incomodidad que siente?.- Pregunta el doctor Sánchez, subraya varias veces la palabras unidas por la flecha.

– Es como un vacío.- Fabián se siente contento. La palabra vacío, es algo que suele definir demasiadas cosas, la ha escuchado multitud de veces en numerosas bocas, la última vez de labios de su mujer cuando le definía su matrimonio.

– Un vacío es la sensación de falta, y necesita ser llenado siempre. Aunque también es a veces la ausencia de problemas, depende de la perspectiva. ¿Entiende lo que le quiero decir?- En la cabeza del psiquiatra una botella de Coca-cola sin líquido se enfrenta en un combate de importancia con un tonel de residuos radiactivos sin residuo alguno.- ¿Diría que se s vacío puede ser más beneficioso o pernicioso?- El médico mira de reojo el reloj de pulsera y sonríe.

– Depende del momento. A veces creo que es una bendición no sentir eso que lleva a todo el mundo a llorar o cosas peores, pero otras creo que lo que me pierdo es más importante que el dolor.

– Ya hemos llegado a la hora. Ahora permítame que le cuente un par de cosas importantes.- El doctor se levanta y da un par de vueltas por la habitación y comienza a hablar mirando por la ventana.- Usted, señor Gamez no es ajeno. Le gusta pensarlo, por que así se aísla de las cosas nocivas, digamos que en algún momento se produjo una disonancia cognoscitiva muy grande en su psique, quizás cuando comenzó a actuar de esa forma, cuando maduro como ha dicho. Lo que creo es que es necesario ahondar en ese episodio para resolver su forma de comunicarse con el mundo.- Sánchez mira de nuevo el reloj y decide terminar. No es que le importe o no Fabián es que directamente no entra en el plan de su tiempo restante. – Verá me ha mentido en varias ocasiones, porque sabe que en realidad usted no quería que yo escuchase lo que pensaba. Eso no es un problema, es más diría que es parte de la solución. Eso que usted llama actuar es de hecho hipocresía y todo el mundo lo practica. Como bien explicó antes hay que gente que parece hacerlo mejor, pero en realido todo es cuestión de práctica y genes. Bueno, si desea una cita hable con mi secretaria, de todas formas es a ella a quién debe abonar el dinero de la sesión.- Deja una mano señalando la puerta y ni siquiera se digan a en darse la vuelta. Cuando la puerta se cierra se sienta en el diván. De hecho se tumba y piensa profundamente en nada durante le tiempo que desea. Bloquea cualquier pensamiento hasta quedarse sostenido solamente por el bulbo raquídeo. Pasan dos horas y vuelve en sí. Mira la habitación, de reojo, más oscura que antes debido a que entra menos claridad del exterior. Se levanta y recoge la libreta, repasa las notas y se dirige a un escritorio que hay en la esquina opuesta a la puerta. Se sienta en un sillón, abre un cajón y tira la libreta. Por su cabeza desfilan cada uno de los clientes que ha tenido. En realidad para el no son más que clientes. Se siente como su prostituta brasileña, aportando consuelo  a cambio de dinero, la única diferencia es que él tiene un título. Tras repasar todos los casos piensa que hay demasiados fracasados  e inútiles en la ciudad. Esa suma de desechos es la que le hacen reaccionar. Sabe que necesitaba decidirse y después de mucho tiempo lo ha hecho. Enciende la lámpara de la mesa y coge de nuevo la libreta, se equivoca en primer término, pues el cajón está lleno de cuadernitos. Finalmente escoge la correcta y la vuelve a leer, Apunta al final la palabra narcisista, luego la tacha y escribe egocéntrico. Esa palabra va dirigida a sí mismo, es consciente de su megalomanía, pero sabe que a su edad no es algo que puede ni desee cambiar. Tira la libreta a la papelera para luego coge todos y realizar la misma acción, parece un robot que monta un parachoques en la cadena de Henrry, es un autómata, porque entiende que cuando termine de limpiar tendrá que seguir con el siguiente paso.

Al acabar descuelga un viejo teléfono negro de góndola y marca con paciencia todos los números, la cada dígito tiene que esperar que la rueda recupere su posición. Al resto de lo mortales podría enervarles tanta complicación, pero al doctor, en medicina psiquiatrita Sánchez, eso no le importa porque se acaba de jubilar, tiene todo el tiempo del mundo y menos peso sobre sus hombros.

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Personal

Cuando hola es más que hola, pero menos que hola.

Hay muchas formas de decir hola pareciendo estúpido. En realidad, estúpido no es la palabra correcta, más bien sería algo del estilo de: bobo, bobo de remate, bobo plano, bobo line y otras que se asemejen. Podría decirse que es un hola sicnero un saludo cordial y sencillo carente de ninguna otra intencionalidad, pero el bobo que quiero retratar esta más cercano de un bobalicón, un ausente de realidad tan ensimismado, en un futuro o pasado, que no tiene más que reaccionar soltando semejante bisílabo a modo de balbuceo ajeno.

Nuestro bobo, simpático por su forma de mirar al vacío como si este tuviese consistencia propia debe tener ciertas características, . En primer lugar nunca debe saber a donde va, es imprescindible que se dirija a sitios preacordados, pero carezca del conocimiento más básico del movimiento, el por qué del desplazamiento. En segundo lugar y de forma robótica generará una acción determinada al llegar a dicho lugar. Determinada por algo ajeno a él. El bobo simplemente no hace nada por si mismo, si por él fuese se quedaría admirando los universos paralelos en los que decide hacer algo mientras pasan los días, o los años. Por último el bobo vive enclaustrado en su propia fantasía, ya descrita, es decir que su mundo si se mira ampliamente esta quimera puede satisfacer sus necesidades más básicas, a nivel emocional, sin causarle lesión alguna. Por eso mismo, el bobo es un ser seguro dentro de sí mismo.

Ahora bien, lo que el bobo, que saluda elevando la mano y diciendo hola, no sabe es que el mundo real es una potencia en su mismo de sus fantasías. El bobo tiene la capacidad de ver como se desarrollaran los acontecimientos, pero es simplemente una visión. Si el bobo en toda su sincera y solemne estupidez, fuese allá dónde va en su imaginación de lo mundano y actuase tal y como lo haría su alterego con vida, a lo mejor podría dejar de sentirse bobo en los más hondo de su ser, para comenzar a llenarse de experiencias percibidas por cinco sentidos preparados para ello mucho más que una imaginación, banalmente abarrotada. Aunque de ser así, el bobo viviría seguro de sí.

Pero nuestro bobo aún es demasiado bobalicón para decir hola sin hacerlo de sopetón, es decir buscarse su propio saludo es una tarea inimaginable, porque ya la ve en su interior.

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Personal, vida

Encontrado

¿Dónde acaba el este
y empieza el oeste
en esta tierra de nadie,
azotada continuamente
por el leveche?
Lugares de difuso norte.
Al sur de los invisibles paralelos del azar
y hula-hops impuestos.
¿Dónde empieza el punto
en la regla escalada
que todo lo mide,
ya sea en pies, centímetros o pulgadas.

¿Dónde estaríamos en ausencia de mapa?

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Verso

Retumba

Sempiterna sonrisa, de diamantíferos reflejos
engarzados en felicidad oblicua.
Inconsciencia de megáfono, entrecortado por gemidos
cortejados por abruptas caderas estáticas.
Malabares de números en la fingida nueva Alemania.
Mientras las bocas abiertas, por bostezos y sorpresa,
se adueñan de la ausente platea.

Simplemente Eco.
Más tarde ecos.

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Verso

Qui pro quo

Eres un niño de cinco años, nada te importa más allá de la televisión y los juegos evidentes que practicas con tus congéneres. Tus padres te abastecen con todo cuanto puedes llegar a desear. Pero un día cuando sales del colegio te recoge tu madre y ves en su cara el desconcierto, el miedo y la tristeza. No conocías esas facciones nunca las habías visto antes aunque en tu interior puedes reconocerlas a la perfección.
Cuando llegas a casa tus hermanos mayores ya están allí, tus primos, tus tíos y demás familiares que vagamente recuerdas llenan el amplio salón. Por las cortinas blancas se filtra una luz fantasmagórica que deja ver le polvo en suspensión.
No sabes por qué están todos allí. Rodean el televisor iluminados por el azul intenso de la pantalla. Sus facciones no se diferencian demasiado de la de tu madre. En los ojos de algunos de esos familiares hay evidencias de llantos prolongados. Enrojecidos, con los capilares marcados hasta el más mínimo detalle y los parpados ennegrecidos e hinchados.
Las horas pasan allí sentado en la moqueta verde apoyado contra en sofá a los pies de tu hermana mayor que agarra un cojín con tanta fuerza que pareciese estar estrangulándolo.
Cuando llega la hora del regreso de tu padre este no vuelve. Todos están atados a los teléfonos llamando una y otra vez a lugares de lo que parecen no obtener respuesta. En el televisor siguen pasando las mismas imágenes que desde la mañana. La misma llama y el mismo colapso desde que llegaste.
De madrugada todo el mundo sigue en silencio las informaciones del aparato de televisión. Cada vez son más los llantos y menos las contenciones. Como si las presas se rompiesen. Nadie te dice nada. Tú ese día no eres el centro de atención, estás sin estar. El núcleo de toda las miradas es la televisión, donde un hombre con largas barbas se regodea de algo que no puedes llegar a comprender, porque no eres capaz de leer todo lo que aparece en la parte inferior de la imagen.
Al pasar una semana tu madre te dice que tu papa nunca va a volver, que se lo han llevado. Entonces un miedo atroz te consume y llena todo tu ser, caen mocos por tu nariz y lloras. Lloras como nunca lo habías hecho antes, no sabes por qué lo haces, pero lloras sonoramente.

Eres un niño de seis años vives en una casa de adobe y tu vida se resume a dos cosas fundamentales. Ayudar a tu familia en la plantación de amapolas y en ir a la escuela a rezar. Has aprendido a escribir a medias y a leer. Rezas lo que te dicen una y otra vez repitiendo que es lo que está bien y que es lo que está mal.
Ese día estas en la plantación hace una semana que tu padre se fue junto con tu hermano mayor y tu madre se encarga de todo mientras tanto. De ella sólo conoces sus manos, exclusivamente conservas ese recuerdo pues nunca la has visto de manera íntegra. Crees que es sólo manos.
Un día vas acompañado con ella a una casa del pueblo y ves en un viejo aparato de televisión como un hombre vestido con un traja azul, con una bandera estrellada en la solapa, habla durante largos minutos. Los hombres reunidos entonces cogen los fusiles que apilaban en las paredes y salen a la calle a festejar algo. Se oyen multitud de disparos. Cuando tu madre te saca de allí para devolverte a tu casa puedes comprobar a la perfección las llamas que salen de la punta de esos fusiles.
A las pocas semanas todo se tambalea, de noche y de día caen grandes objetos de cielo que explotan dejando profundos socavones allí donde impactan. Ya no vas al campo, pero si continuas en la escuela donde tu maestro de largas y canas barbas te exhorta a ti y a tus compañeros a ser de mayores mártires por la causa. Los hombres han desaparecido casi en su totalidad del pueblo.
Cuando los meses pasan es más que evidente que no regresaran jamás. Un día tu tío de improvisto regresa. Habla con tu madre y esta comienza a gritar histérica. Tu padre a muerto. Los hombres que se visten como el desierto le mataron en una emboscada. Entonces un gran miedo te llena y reacciones golpeando la pared con los puños cerrados.

Has crecido y ahora tienes trece años. De lo que paso hace unos años poco recuerdas, salvo que la gente estaba reunida en tu casa y que tu padre falleció. Tu hermana te está explicando lo que pasó. Al contrario que tu madre que ansía protegerte, tu hermana quiere decirte la verdad.
El hombre de las barbas largas es quién lo mató te dice. Cuando le preguntas el por qué ella te contesta simplemente diciéndote que la razón es porque nos odia.
En tu pequeña cabeza no cabe tanto odio. Odias al hombre de las barbas, ya no tienes miedo. Te sientes confuso, aunque no se lo digas a nadie y lo que más deseas en el mundo es matar al hombre de las barbas. Matarlo y a todos lo que os odian tanto. Por encima de todo les quieres eliminar. Y cada vez que aparece en televisión en el aniversario de la muerte de tu padre levantas inconscientemente el labio izquierdo con una mezcla de asco y rencor.
Por el contrario hay una imagen que te da confianza alguien que piensa igual que tú y que habla de la guerra contra aquellos que te arrebataron a tu padre. Ese hombre vestido de azul con una bandera en el ojal de la solapa derecha es el que te dice que no es malo que odies a quien te arrebató a tu padre.

Cuando has cumplido catorce años te han enseñado a empuñar un fusil. Es un Ak-47, sientes que pesa mucho. Tus primeros disparos son bastante malos, nunca das en le blanco, pero en poco tiempo te haces con el arma y sabes como dar en el centro de las dianas de paja que cuelgan de listones de madera en la distancia. Todos los muñecos llevan los uniformes de los que visten como el desierto.
Hace ya años que no ves a tu madre al poco de morir llegar tu tío este te llevó a un campo en el que entrenas y rezas desde que llegaste. Hay fotos del hombre del traje azul en algunos muñecos, sólo en los reservados para las prácticas con el cuchillo.
A veces hombres con barbas largas y ralas os leen mensajes de aquel que os comanda. Os exhorta a alienar al enemigo infiel. Y tú poco a poco odias cada vez más a ese enemigo que bombardeo sin misericordia tu tierra y te desterró a ese campo donde rezas y entrenas desde los ocho años.

Terminaste le instituto y pese a reticencia de tu madre entras en el ejercito. Quieres ayudar a eliminar a aquellos que mataron a tu padre, estás seguro que son tu enemigo. Porque para ti nadie puede ser tan malvado como para realizar el acto que llevaron acabo. Antes de irte visitas la tumba de tu padre y le prometes que te vengarás.
Llevas meses de instrucción en una academia militar allí te han enseñado a disparar antes de preguntar, a comandar a otros soldados y a llevar a cabo emboscadas. Te dicen que tu enemigo puede ser invisible y cobarde si quiere poniendo bombas a distancia o utilizando francotiradores.
Cuando sales de la academia no eres un simple soldado raso, eres un cabo. Al llegar la frente te aburres enormemente sin hacer nada. Estas ocioso todo el día deseando que te den a ti y a los tuyos la oportunidad de demostrar que puedes ayudar a radicar aquello que perturba la seguridad de tu mundo. Y esa oportunidad llega.
Un día caluroso os presentáis ante un superior y partís hacia un poblado. Al llegar al pueblo entráis casa por casa echando las puertas abajo, retenéis a los hombres semidesnudos con presillas de plástico y los subís a un camión. Alguno de esos hombres antes de dejarse coger a estallado una granada y se ha llevado a algún compañero tuyo por delante. A tus hermanos de armas. Otros mostraron resistencia empuñando fusiles, pero tú supiste lo que hacer y mandaste a tus compañeros de manera eficiente. No tardasteis en eliminarlos.
Esa noche la satisfacción os posee y lo celebráis bebiendo hasta altas horas de la madrugada.

Estas en el desierto ya eres un hombre, y desde los quince años estás matando infieles. Decidieron darte un fusil de francotirador y junto a los tuyos os apostáis noche y día en distintas lomas disparando cada convoy que se acerca por la carretera.
Sabes con certeza que son tu enemigo porque la bandera con estrellas esta pintada en le capó de los camiones.
Hace tiempo que perdiste la cuenta de cuantos has eliminado pero aún así sigues haciéndolo. Cada vez que haces una muesca en tu fusil los odias un poco más. Porque entran en tu tierra y se llevan secuestrada a tu gente, porque cuando pierden a muchos de los suyos hacen que caigan bombas. Y esas bombas pueden matarte. Temes morir cada vez que ves el rostro vacío de uno de tus compañeros de armas, temes morir cuando oyes los alaridos de alguien que ha perdido algún miembro y se desangra.
Tu miedo es la llave de tu odio. Odias que te hagan tener miedo y cuanto más los odias más los temes.
Ahora os han servido cohetes y sabes que podrás infundirles mucho más temor con ellos. Sabes que podrás devolverles ese miedo que tienes y matarlos a todos. Podrás hacer desaparecer un convoy entero.

Hoy es tu última misión. Mañana estarás licenciado y podrás comenzar tus estudios. Debes ir a otro pueblo y llevarte como otras tantas veces a todos los varones para que inteligencia se haga caro de ellos.
Fumas un cigarrillo mientras tus hombres, los van metiendo uno a uno en los camiones. Cuando habéis terminado te percatas de que tu ultima misión ha sido sencilla pues nadie ha salido herido.
En mitad de la noche con las luces apagadas avanzáis por una carretera llena de socavones. Las zanjas las han hecho vuestros cohetes, y te llena de orgullo comprobar como de poderosos sois. En unas horas volarás de vuelta a tu casa y te reencontraras con tu hermana y tu madre eso te llena de satisfacción, pues has sobrevivido. Te sientes bien por ese hecho.

Estáis esperando en medio de la noche con los cohetes preparados. Sois cinco encima de una loma. Al pié tenéis los rifles, pero crees que no necesitaréis usarlos.
A lo lejos se oyen motores, un convoy se acerca lentamente. Gracias a la luna creciente puedes ver como avanzan lentamente esquivando los agujeros que hay en el suelo. Zigzaguean para evitar caer en el interior de esas zanjas. Puedes ver que sólo son dos jeeps y dos camiones, no hay ningún blindado para apoyarlos.
Cuando están al alcance de los cohetes das la señal y disparados por la boca de los tubos metálicos salen misiles pequeños que se dirigen a los vehículos. Todos explotan menos uno. Ese último vehículo para y un hombre baja fumando a comprobar los restos llameantes de los otros tres. Vuelve y acelera saliendo de allí a toda velocidad.
bajáis y comprobáis que todos los soldados enemigos están muertos, pero para vuestro desconsuelo. Algunos civiles han fallecido calcinados en la parte posterior de los camiones.
Has vuelto y tu familia te ha acogido con los brazos abiertos. Todos orgullosos de ti y satisfechos de que hayas sobrevivido. Tú te sientes vacío nuevamente, pues todos tus hermanos de batalla murieron en tu último día. Por sobrevivir a aquella emboscada te condecoraron con una medalla que no quieres para nada.
Has decidido empezar los estudios de derecho, para poder poner remedio algún día todo el daño que tus enemigos están haciendo. Los odias más si cave desde que viste los restos llameantes de los que habían compartido meses de tu existencia y te habían salvado la vida en alguna ocasión. Pero eso no se lo confiesas a nadie.

Ya no eres necesario en le frente y te han elegido para entrenarte en otro campo. Te enseñan a dirigir grupos mayores y a desviar fondos para dañar al enemigo en su casa. Quieres aprender cuanto puedas, quieres ser más útil que nunca. Desde que viste los restos llameantes de los civiles que habían secuestrado los soldados del uniforme color desierto tu odio creció de una manera asombrosa. Necesitas eliminarlos a todos.

Y pasan los años. Pasan como los granos de arena del desierto que se mueven, las dunas cambian de lugar y así se mide el tiempo.
Ahora tú eres el hombre del traje azul/de las barbas largas y sabes porque se llevaron a tu padre y a tus compañeros. Sabes que al enemigo, a aquel que odias, debes destruir o él te quitará todo a ti y a los tuyos sin contemplación. Preparas un gran atentado/una invasión jamás vista. Preparas sin saberlo al sucesor de tu enemigo.

2 comentarios

Archivado bajo Crítica, fantasía, vida